74. DEBO IR AL SANTUARIO
Zayden despertó.
No necesitaba girarme para saberlo. Su energía era un hilo invisible que siempre me encontraba. Sentí el leve crujido del colchón cuando se incorporó. Escuché el silencio entre sus latidos, esa contención que solo él tenía cuando algo lo conmovía profundamente.
—Lyra… —su voz fue apenas un suspiro quebrado—. No puede ser…
Me giré despacio, y al ver su rostro, supe que él creía que aún soñaba. Sus ojos, siempre fieros, estaban abiertos de par en par, como si temiera que yo desap