73. LOS RESTOS DEL GAMMA
Estar encerrado era lo más parecido al infierno.
No importaba que la cama fuera cómoda, ni que los días fueran tranquilos. Para un Beta, la quietud es un castigo.
Y peor aún, un lujo que no podíamos darnos cuando el mundo afuera se tambaleaba.
Las órdenes de mi Alfa fueron claras.
—No podrás volver hasta que el médico lo autorice.
Lo dijo con esa firmeza que no dejaba espacio a discusión, aunque cada célula de mi cuerpo gritara por volver al campo, a proteger, a dirigir, a estar donde debía. Do