La oscuridad del nuevo mundo de Caleb comenzó a tragárselo sin que él se diera cuenta. Cada día se levantaba con la misma excusa para Rous: “voy al trabajo de construcción, volveré tarde”.
Pero la verdad se ocultaba detrás de talleres abandonados, almacenes sin nombre y calles donde los murmullos eran más fuertes que la ley.
Era mediodía cuando Lucio lo recogió en una camioneta negra, los vidrios polarizados, el silencio como un pacto. —Hoy no hay margen de error, Caleb —dijo sin mirarlo—. El c