El pasado había dejado de existir para ellas, el futuro era el único destino. Pero entonces… ¿Quién era la verdadera Rous? La Rous que Caleb ahora amaba, la que no era egoísta, ambiciosa. La que no destruía todo lo que tocaba, la Rous que era capaz de arriesgar su vida a cambio de la libertad de los demás.
Caleb se quedó observando métricamente a las dos mujeres frente a él, esperando una respuesta. La respuesta que llegaría con premura y con desesperación por ser aceptada, pero entonces el silencio reino entre los tres. Ninguna de ella hablaba, pero la que si deseaba hacerlo guardaba el silencio para no ser descubierta.
—¡Esto tiene que ser un sueño! —pronuncio Caleb restregándose los ojos—. ¿Cómo es que ustedes están de frente sin que pase algo aterrador como me lo imaginaba que podría suceder? —dijo con el miedo susurrándole en el pecho
Una de ella movió apenas una mano para hablar, pero Caleb no se lo permitió. —No hables. —advirtió con un tono frio—. Quiero descubrirlo por mi mis