La respiración de ambos seguía entrecortada, atrapada en el aire tibio de la habitación.
El silencio posterior al timbre del teléfono pesaba como una verdad a punto de revelarse.
Caleb parpadeó un par de veces, intentando ordenar sus pensamientos, antes de forzar una sonrisa. —Ah… —balbuceó, pasando una mano por su nuca—, se me había olvidado por completo.
Rous lo miró confundida, el ceño apenas fruncido mientras el brillo tenue de la lámpara se reflejaba en sus ojos. —¿Olvidado? ¿Desde cuándo