Alejandro suplicó para que le permitiera quedarse el tiempo necesario o en el mejor de los casos, hasta que ella se recupere por completo. Pero esa niña es demasiado testaruda y no olvida lo que han hecho.
—No puedes hacerlo porque me odias, Alejandro. ¿Ya se te olvidó que yo no valgo nada? Tu y yo ya no somos nada, tu así lo quisiste. ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión y de la noche a la mañana preocuparte por mí?
Cuestionó.
—El amor que siento por ti es lo que me ha hecho cambiar de opinión.