El teléfono volvió a hacer aquel escandaloso sonido, y, antes de que la chica gritara que atendiera la llamada levantó por segunda vez, pero en esta ocasión contestó con arrogancia.
—¿Qué quieres?
—Comunicarme con la señora Abril, ya lo he dicho anteriormente.
Era extraño que la voz del hombre se escuchara muy despacio y educada.
—¿De parte de quién?
—Soy el abogado Fernández, encargado de llevar a cabo el proceso de divorcio entre la señora y su esposo.
Alejandro quedó aun mas confundido. ¿Qui