ALEJANDRO
Desperté con un brazo entumecido. Mi chica… mi adorada mujer estaba durmiendo sobre él y joder, dolía pero a la vez era satisfactorio tenerla junto a mí. Completamente desnuda, solo la sabana que nos cubre a ambos de la cintura para abajo. Anoche la follé hasta que cayó desmayada, yo quería continuar, hace tiempo que no estaba con una mujer y ella me provoca estar las veinticuatro horas del día metiendo mi pene en su deliciosa panocha.
He subido al cielo con solo estar con ella. ¡Cara