El camino de regreso fue un silencio lleno de preguntas en el aire sin responder.
Lucien conducía sin hablar, con la mandíbula tensa y los dedos crispados en el volante. Cada tanto, me lanzaba miradas de reojo, como si esperara que me desvaneciera de un momento a otro. Yo, por mi parte, miraba el reflejo de las luces en la ventana del auto, preguntándome en qué momento mi vida se volvió parte de algo mucho más grande y mucho más oscuro.
Ninguno mencionó más el rayo púrpura.
Ninguno habló del fu