—Lucien es mi nieto —dijo, y por primera vez desde que había llegado, algo en su voz se quebró levemente—. Ese joven tenía talento natural. Una combinación de frialdad y precisión que lo hacía peligroso desde el principio. Ferelis lo vio y lo adoptó, no solo como pupilo sino como lo más cercano a un hijo que un vampiro como él podía tener. Le enseñó todo lo que sabía. Le transmitió no solo las técnicas sino la convicción. El propósito.
Tomó el té, aunque ya debía estar frío.
—Entonces Vael ap