Elyon me miró por encima de su taza. Sus ojos claros eran difíciles de sostener. Tenían esa profundidad particular de quien ha vivido demasiado tiempo y ya no tiene miedo de que lo vean.
—Todo es mucho —dijo—. Y no todas las partes son fáciles de escuchar.
—No vine aquí buscando algo fácil, señor.
Una sombra de algo que podría haber sido una sonrisa cruzó por su boca.
—No —dijo—. Supongo que no.
Y empezó a hablar.
—Para entender lo que eres, primero tienes que entender de dónde vino