Ángela, eres... poderosa - Parte 3
Mi madre asintió con la cabeza, con un gesto de tristeza.
—Creí que había peligro —dijo—. El resto lo fui llenando yo sola con suposiciones. —Se frotó las manos sobre la mesa, un gesto involuntario—. Esa fue la primera mudanza. Dejamos el departamento. Nos fuimos a otra ciudad. Noem eligió el lugar, eligió el apartamento, eligió la ruta. Todo muy eficiente. Todo muy calculado. Y yo lo seguí porque lo amaba y porque tenía miedo y porque en ese momento no tenía ninguna razón concreta para no hac