Me quedé observando cómo hablaba, embelesado en su propio relato, con esa mezcla tan única entre fascinación y certeza peligrosa. Como si todo lo que contaba no fueran secretos milenarios, sino verdades tan cotidianas como el sol que se ponía tras la ventana de auto.
—Entonces… ¿cuántos clanes existen realmente?
La pregunta salió antes de que pudiera detenerla. Ahora estábamos en una cafetería pequeña y acogedora, en la esquina de Lizardi con Tobías, donde las luces cálidas hacían parecer que e