Su ropa deportiva ya no está y en su lugar lleva una bata de hospital abierta en el cuello que deja ver parte de su pecho tatuado. El cabello negro cae suelto sobre sus hombros en hebras largas y oscuras, como una cortina que contrasta con el tono claro de su piel. Sus ojos grises son hipnóticos y su cuerpo… incluso recostado en esa camilla demasiado pequeña para él, parece una montaña de músculos. Brazos tatuados, cuello fuerte, hombros amplios.
Un hombre imposible de ignorar.
—¿Puedo saber el