El regreso a casa es silencioso.
La lluvia golpea el parabrisas con fuerza y el limpiaparabrisas se mueve con un ritmo constante que parece marcar el mal humor de Peter. Pasé casi toda la tarde en el hospital con aquel hombre ruso y parece incapaz de entender lo que intento explicarle: que jamás dejaría a nadie abandonado a su suerte en una carretera.
Conocido o no. Yo no soy así.
Cuando cruzamos los portones de hierro de la mansión veo a mi padre esperándonos afuera, de pie bajo el alero de la