Suspiro pesado y tapo el móvil para que no escuche la orden que acabo de dar. Me estoy moviendo con treinta hombres hacia la pista donde espera el avión y me importa tres carajos si está listo o no.
—Lo siento, no quise que esto sucediera, pero estaré allí muy pronto y hablaremos, amor. Solo espérame un poco más. Lamento no estar ahí contigo y con nuestro pequeño fuego.
Abordo la camioneta y nos alejamos rápidamente.
—Ese es el problema, no pienso esperarte.
La escucho gritar y me desespero. La