William Russo no me quita los ojos de encima. Es un hombre alto, fornido y tiene una presencia que impone respeto. Es muy apuesto y, a simple vista, se deja ver que es muy meticuloso con su aspecto físico y estético. Sus manos están perfectamente cuidadas, su cara es perfecta, marcada y angulosa. Su barbilla partida le da un aire sensual, pero la frialdad de sus ojos, lo calculador que está siendo en este momento, mata todo lo bonito que puede mostrar. La sonrisa que me ofrece es, en cierta for