Connor abre la puerta para mí y me deja entrar primero. El aire dentro del despacho es más frío que en el pasillo, cargado con el olor a cuero pulido y papeles antiguos, mezclado con un perfume tenue que no puedo identificar pero que me pone alerta. Cillian está sentado en la silla frente al escritorio de madera rojiza, erguido y tranquilo, solo. La luz que entra por la ventana dibuja sombras sobre su rostro, resaltando la línea de su mandíbula y los mechones desordenados de su cabello.
Mis ojo