Cena para uno. Mad saldría a comer fuera, así que Amalia no se molestó en cocinar. Comería las sobras recalentadas del almuerzo.
Lo observó mientras se arreglaba, tan estupendo, guapo y varonil. Estaba para comérselo, pero la que lo hiciera, se indigestaría. Mad era veneno.
Con la excusa de quitarle unas pelusas del traje, le echó un vistazo al teléfono mientras tecleaba.
"Pasaré por ti en diez minutos", había escrito.
Ya no necesitaba preguntarle, él iría a cenar con una mujer, una que sí e