Los cuatro hombres, liderados por Mad, y que usaban sus mejores atuendos para la ocasión, fueron guiados hasta el comedor por una joven sirvienta.
—Tomen asiento, por favor. El señor Markel vendrá enseguida.
Mad fue el primero en sentarse, de frente a la arcada que era la entrada al comedor y con un muro a su espalda. Esperaba que el pasillo a su izquierda los guiara a una salida si algo salía mal. Más mal de lo que ya iba todo.
—Me siento como si estuviera desnudo —murmuró Toro, sentándose a