Tres disparos cortaron la quietud de la noche como si fuera queso fundido. Golpes sordos sobre carne machacada, crujidos de madera reseca, quejidos de sorpresa y resoplidos ausentes de esternones colapsados completaron la atronadora sinfonía.
La banda sonora que ambientaba la atroz trampa nacida de la más despreciable traición llegó a su fin con una puerta derribada de una patada. Mad entró al pequeño y sombrío cuarto justo a tiempo de coger a la escurridiza figura que intentaba colarse por la