El vientre sudoroso de Amalia se agitaba como las olas, un mar crispado por la fuerza del reencuentro con su amante. Tras su breve, pero intensa separación, ella y Mad saciaban el hambre inaguantable que sentían el uno por el otro.
Voraces como bestias, danzaban al silencioso ritmo de sus dichosas exhalaciones. Caricias lentas, pero firmes y un vaivén que los tenía en la cresta de la ola. Sólo bajaban para volver a subir otra vez.
—Apenas dos días —balbuceó Mad, apartándose de los tiernos labio