—Creo que me bajó la presión —dijo Úrsula, llevándose una mano a la cabeza.
—No vayas a desmayarte. Entremos al salón para que te sientes —Laura la cogió del brazo.
No, Úrsula no quería entrar ahí, tras esas puertas estaba el infierno, donde la lujuria arrasaría con todo lo bueno y bello que había en el mundo, y donde ella se coronaría de actriz porno con honores.
—Dime, Laura. ¿Hay esposas? ¿Fustas? ¿Cuerdas? —avanzaba con los ojos firmemente apretados.
—Hay algunos cordones dorados muy bonito