—No debiste hacer eso —lloraba Anahí, todavía en el suelo y con Unavi encima—, ya no lograré reunir la fuerza...
—Fuerza hay que tener para vivir, Anahí, no para morir —exclamó Unavi, con la pasión que la caracterizaba inflamando su voz y la fuerza de sus pulmones haciendo resonar sus palabras como si estuviera en el escenario y se hiciera oír hasta en el último rincón del teatro.
Anahí no era muy creyente, pero le pareció estar ante la presencia de un ser superior, un ángel.
—¿Nos conocemos?