"¿Cuál sería el castigo apropiado para quien osase a cometer el terrible acto de matar a un ángel?, se preguntó el hombre, con la funesta expresión de quien llevaba a cuestas al mundo entero. Suspiró, rogando por un milagro".
Sentado en un rincón de la habitación del hospital, el hombre que escribía tales inspiradas palabras paseó su vista de la mujer que yacía inconsciente en la camilla hasta sus líneas y agregó otras más. Había pasado mucho tiempo desde que su lápiz no se movía con tanta flui