Martes. Alfonso había regresado de su viaje a media mañana y, entre reuniones y papeleo, Unavi no había tenido tiempo de saludarlo. Ni de besarlo. Era horario laboral, él estaba ocupado y no quería interrumpirlo. Tras darle vueltas varias veces al asunto se le ocurrió una idea. Cogió el teléfono de su escritorio y lo llamó.
—¿Sí?
—Señor Kamus, tiene una llamada de una mujer que dice ser su novia, ¿se la paso?
Kamus frunció el ceño. Los viajes largos en avión lo cansaban, seguía afectándole un p