Kamus soñaba, cubierto con la manta que abrigaba a Unavi por las noches en la habitación que ocupaba en casa de Lu. El aroma de la mujer que amaba penetró en sus sueños como un haz de luz. Ella se materializó frente a sus ojos y fue tan real que pudo tocarla.
En el instante en que los dedos de Kamus se posaron sobre la suave piel de Unavi, ella desapareció. Su búsqueda lo llevó a las calles, entre los edificios que el progreso económico había sembrado en la una vez fértil tierra.
En medio del t