Mundo ficciónIniciar sesiónSan Gregorio no volvió a dormirse.
Eso fue lo primero que Adriana notó al amanecer. El pueblo seguía funcionando —los negocios abrieron, los niños fueron a la escuela, los buses pasaron a la misma hora—, pero algo en el aire había cambiado de forma irreversible. Ya no había una sola versión. Y eso, en un lugar acostumbrado a la uniformidad, era profundamente desestabilizador. Adriana caminó temprano por la calle principal. No llevaba






