Mientras Aynara se debatía entre doctores, medicinas, exámenes y análisis, Uzziel moría de risa en la cuna mientras Elena le hacía cosquillas. La pequeña criatura se retorcía de alegría, sus manitas aferrándose a los dedos de Elena, sus ojitos dorados brillando con una felicidad que contrastaba con el caos a su alrededor.
Aynara no podía creer que le estuviera pasando esto.
—Señora, respire hondo —dijo el médico, con el estetoscopio en el pecho.
—Estoy respirando —respondió ella, con impacienci