Las semanas siguientes fueron un torbellino de reuniones, viajes y decisiones. Bóreas estaba más ocupado que nunca, pero Aynara no se separaba de su lado. Iba con él a cada manada, a cada consejo, a cada negociación. Uzziel, ya más acostumbrado a las matronas, podía quedarse en la fortaleza sin llorar desconsoladamente, lo que les daba cierta libertad para moverse.
Viajaron a territorios lejanos, algunos devastados por la guerra, otros apenas tocados por el conflicto. Se reunieron con los alfas