Afuera de la habitación, Bóreas estaba apoyado contra la pared, los brazos cruzados, la mirada perdida en algún punto del pasillo. Su expresión era serena, controlada, la de un rey que espera con paciencia infinita.
Pero dentro, Cronos estaba inquieto.
La bestia se movía en el fondo de su conciencia, agitada, incómoda. Sentía el dolor de su luna. El llanto de su compañera. La angustia que emanaba de Aynara como un eco que atravesaba las paredes.
Quiere ir a consolarla, pensó Bóreas.
Y claro que