Bóreas suspiró. Ese suspiro profundo de hermano mayor que sabe que va a tener que lidiar con la hermana pequeña por el resto de su vida.
—Milka —dijo con paciencia—, bienvenida a casa.
—Gracias, gracias —ella hizo una reverencia exagerada—. Me alegra ver que sigues siendo el mismo aburrido de siempre.
—Y me alegra ver que tú sigues siendo la misma desastre de siempre.
—¡Tarian! —protestó Milka, mirando a su hermana—. ¿Escuchaste lo que dijo?
—Escuché —respondió Tarian con una sonrisa—. Y estoy