Bóreas entró a su despacho con paso firme, aun con el frío del jardín pegado a su abrigo negro. La puerta se cerró tras él con un golpe sordo.
Kurt lo esperaba de pie junto a la ventana, con las manos cruzadas detrás de la espalda en una postura de respeto. Al verlo entrar, hizo una reverencia profunda.
—Majestad.
Bóreas negó con la mano, un gesto rápido y familiar.
—Déjate de protocolos, Kurt. Eres mi primo, prácticamente mi hermano.
Kurt se enderezó, y una sonrisa maliciosa se dibujó en sus l