Bóreas llevó a Aynara a caminar por el jardín.
Ella, desde el primer momento, estuvo buscando excusas para volver. Estaba cansada. Y es que desde que había llegado a la fortaleza, andaba de perezosa. Ahora estaba haciendo más ejercicio que nunca, y con equipaje extra gracias a esa pancita creciente.
—Bo... —comenzó, arrastrando los pies en la nieve—. Bóreas, deberíamos volver. Tengo que estudiar, ¿sabes?
Él caminaba tranquilo, como si el frío no le afectara, como si la nieve fuera su elemento n