Me hospedé en un hotel cinco estrellas donde ya tenía mi reserva. Los jamaicanos insistieron en pagar mi estadía, pero no se los permití. No pretendía quedarme una semana entera solo porque ellos lo cubrieran todo.
Ya era de noche y esa misma noche nos reuniríamos en el restaurante del hotel. Caminaba con porte y elegancia, acompañado de mis hombres. Las miradas se clavaban en mí; algunas mujeres sonreían, otras simplemente no podían evitar observarme. Pero yo no pensaba en nadie más que en Sol