—¡Fuck! —maldigo por el susto que me acabo de dar, guardando rápido la pistola.
—Hermano, bienvenido a tu fiesta de cumpleaños —dice Marco, con una sonrisa de satisfacción.
—¿Qué es todo esto? —le pregunto furioso. Se me acerca sin darme tiempo a reaccionar y me arrastra directo al área VIP.
—¿Qué es esa mierda de baratija que llevas en la mano? ¿Es un reloj? —pregunta con asco, arrugando la cara como si fuera veneno.
—Me lo regaló mi mujer. Diez mil dólares le costó —respondo con orgullo, leva