No puedo creer que mi cuerpo traidor se haya dejado manipular por este hombre obsceno...
Me arrepiento.
Y su voz retumba en mi oído, otra vez...
***
—Shhhh... muy bien —palpé su entrada nuevamente, empapando mis dedos sin pudor. Los llevé a mi boca y los lamí lentamente, saboreándola con descaro.
Ella ladeó la cabeza, claramente avergonzada.
—Mírame —ordené con voz baja.
Abrió los ojos con lentitud, temblando. Yo procedí a olerme los dedos, como un lobo oliendo a su presa.
—Hueles muy bi