Muerta no me sirve de nada.
Los gemidos de una mujer rebotan por las paredes mientras la embisto con violencia, con odio, con hambre.
Le jalo el cabello con fuerza y la hago gritar.
Intenta besarme, pero le detengo el rostro con una mano.
—Shhh... Yo no beso putas. Si quieres besarme, chúpame la polla—le gruño.
El sudor me cubre y muerdo mi labio inferior mientras suspiro.
Obedece sin decir nada. Se arrodilla y empieza a jugar con su lengua, mirándome desde abajo con ese falso deseo de devoción que tanto detesto.
Admiro q