—Hola, putita de cuarta—
Clara da un respingo al escucharme.
La esperé sentado cómodamente, fundido en la oscuridad del apartamento. Hablé justo cuando encendió la luz.
Intenta abrir la puerta para huir, pero uno de mis hombres ya está ahí, tal como lo supuse.
Las personas como ella son tan predecibles. Tan desesperadas, tan obvias.
La empujan y cae al suelo con un gemido ahogado.
—D-Dante... —solloza, girándose hacia mí.
—¿Qué? ¿Acaso viste al diablo?—me burlo.
Me pongo de pie con calma. Camin