Jugando a las escondidas.
Me despiertan unas intensa ganas de vomitar. Hoy me siento fatal, pero el abrazo de Dante me impide correr.
No sé cuánto tiempo dormí, pero juro que han sido más de doce horas.
Intento liberarme apresuradamente. Dante se despierta; aún tiene el ojo morado, ligeramente inflamado por la herida.
—Mmm —murmura, soltándome.
Qué bueno que entendió rápido.
Camino a toda prisa y vomito, sintiendo que se me va la vida en cada arcada.
Lo siento detrás de mí. Me sostiene el cabello con cuidado. Me siento