Miedo.

Caminar para ir al baño fue la tortura más grande que pude pasar. Me arrastré por las paredes para poder caminar, y sentarme en la taza fue casi imposible.

Me sostuve de las paredes y gemí por el ardor.

Me miré al espejo: los ojos muy hinchados, el cuello perdido, al igual que los hombros, llenos de moretones.

Mis pechos lastimados, mordidas en el vientre y mis piernas cubiertas de moretones. Mi piel tan clara no me ayudaba en este tipo de situaciones.

Tenía tanto sueño... Nos pasamos casi toda
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Carolina LopezMe encanta esta historia nunca pensé que una mujer podría hacer semejantes cosas y drogar a su hombre sabiendo que ella casi pasa por lo mismo hay que estar muy jodido de la cabeza que pensaba ósea pudo más su calentura
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