Miedo.
Caminar para ir al baño fue la tortura más grande que pude pasar. Me arrastré por las paredes para poder caminar, y sentarme en la taza fue casi imposible.
Me sostuve de las paredes y gemí por el ardor.
Me miré al espejo: los ojos muy hinchados, el cuello perdido, al igual que los hombros, llenos de moretones.
Mis pechos lastimados, mordidas en el vientre y mis piernas cubiertas de moretones. Mi piel tan clara no me ayudaba en este tipo de situaciones.
Tenía tanto sueño... Nos pasamos casi toda