Hoy es el funeral de Diana.
El alma se me desgarra solo de pensar que tendré que despedirme de ella por última vez.
No tengo fuerzas para levantarme de esta cama, ponerme un vestido negro y salir a decirle adiós.
Solo seremos cuatro, incluyendo al sacerdote. Enzo se encargó de todo junto a Dante.
—¿Estás lista? Voy a ayudarte a ir a la ducha. —Está tan frío. Y yo igual.
—Sí. —Me ayuda a levantarme, y camino agarrada de su antebrazo con cuidado. Mi herida ya no duele, aunque aún faltan días para