Despedida.
Un mes había pasado desde entonces.
Mi relación con Dante ya no es la misma. Se la pasa trabajando, encerrado, como si me evitara. A veces intenta consolarme, pero es tan frío, que me congela... ya ni siquiera recuerdo la última vez que me dijo te amo.
Aún tengo presente las risas de aquella tarde, horas antes de que se fuera a ese maldito viaje que lo arruinó todo. Ahora, en cambio, mantiene el ceño fruncido como si todo le provocara malestar.
Algunas noches no regresa a casa. Huele a cigarro