Las piernas me tiemblan mientras camino detrás de él. El aire se vuelve escaso y mi pecho se aprieta.
Me abre la puerta del coche. Él mismo va a manejar, aunque sus perros guardianes nos siguen en otro vehículo.
Me pongo el cinturón. Él rodea el auto y sube. Su perfume me golpea. Antes me gustaba. Ahora lo odio. Odio estar encerrada con él, oliéndolo.
Me cubro la nariz disimulando cuando odio ese olor y giro un poco el cuello.
Sé que me está mirando. Lo hace con esa forma suya, como si yo fuera