Tristán había experimentado una profunda inquietud tras mi abrupta partida. Temía que algún ente proscrito me emboscara en el camino. Sin embargo, a pesar de la calma que irradiaban aquellas bestias, me esforzaba por cargar con mi cruz con la mayor dignidad posible. Conduje con serenidad, confiando en la astucia de Abby para construir una coartada convincente.
Me detuve frente a la casa de mis abuelos, estacioné el auto y me dispuse a bajar. Al verme, Alexandra salió corriendo, seguida de cerca