—Cada vez que me veo en el espejo… no puedo verme. Lo rompí, con furia. Ese cristal se negó a mostrarme mi alma. Esta alma que nunca ha dejado de clamar por ti. Y ahora está rota… ¡rota y expuesta! Si realmente soy un ser oscuro, un demonio enfrentado al mundo humano… dime entonces: ¿cómo es posible que te ame… si ya no tengo alma?
No me aparté. No podía. Su necesidad me alcanzaba, me atravesaba. Y en su tormento también habitaba mi propia agonía. Aunque él lo negara, algo profundo nos unía… al