Su sonrisa se desvaneció como humo. Dio un paso hacia mí, pero el hechizo lo contuvo con un destello eléctrico en el aire. Su rostro se contrajo con una mueca de frustración.
—Estos rituales caerán… y no podrás retenerla aquí mucho tiempo. Victoria me complace como Estefanía lo hizo en su momento.
—¡Estefanía nunca fue tuya! —rugí—. Tuviste su cuerpo, sí, pero su alma… nunca la tuviste. Y no voy a permitir que contamines a Victoria como lo hiciste con ella.
Arturo alzó las cejas con deleite ven