Fuimos al patio trasero, que era bastante amplio y aislado; ahí no llegaban los curiosos.
—¿Lista?
—Eso opino… —Agnes sonrío y me guiño el ojo.
—Sé que algunos del bando contrario ya te han dado un introductorio, pero en defensa yo quiero que te concentres y resaltes los dones que posees —puso en marcha su clase.
La expresión de Agnes fue cambiando repentinamente y la tenses borró de golpe la sonrisa que adornaba su cara. Se levantó del suelo con la rapidez de un leopardo. Comen