Me quedé observando a ambas con una sonrisa amplia, sorprendida por cómo mi sangre no solo había hecho psíquica a Abby, sino que además le había permitido dominar el español con tanta rapidez y fluidez. Abby tomó la iniciativa tras las palabras de Alexandra y comenzó a arreglar un morral con ropa suficiente para una noche.
—Voy encendiendo el carro —anunció Alexandra, dejándome a solas con Abby.
Abby apenas esperó a que Alexandra saliera para girarse hacia mí con expresión seria.
—Ni se te ocurr