Capítulo 44 — Perdidos en el laberinto
El desayuno transcurría con la habitual serenidad de las mañanas en la residencia Derby. Virginia, todavía adormecida, revolvía distraídamente su té cuando el conde, con su tono sereno y paternal, rompió el silencio.
— Hoy solo trabajaremos por la mañana, señorita Virginia —anunció con un dejo de entusiasmo—. Por la tarde iremos a conocer el nuevo laberinto en los jardines de los palacios. Es su inauguración y, según tengo entendido, contarán con obras tea